Resuelto (casi) el misterio del compañero famoso de mi abuelo Ramón. Y epílogo…

Mi abuelo Ramón Menéndez es el de la derecha de la foto, la otra persona es un personaje famoso.

¿Quién puede ser ? ¿Cómo contactó con él mi abuelo? ¿Dónde y cuándo se hizo la foto? ¿Qué hacía ese personaje en La Granja?

Empezamos descartando opciones: no es un amigo, porque nadie de mi familia lo conocía, por la distancia entre ellos y, sobre todo, porque mi padre dijo que era una persona famosa. En principio dijo que era Lorca, pero eso lo descarté rápido. Esta es mi hipótesis… ¿Os suena?

Luis Buñuel, el famosísimo director de cine.

La postura es igual, pero eso no es muy relevante. En la foto de abajo se le aprecia el estrabismo, que no se muestra en la foto de arriba, pero parece que se acentuó más tarde. Las entradas, labios, barbilla… muy parecido.

No sé la fecha de la foto, pero sin duda era antes de la guerra pues Buñuel, ferviente republicano toda su vida, se exilió en 1936. Nació en 1900 y estuvo de 1925 a 1930 en Paris. Antes no era famoso, por lo que como muy pronto sería 1931 . Por el aspecto de los dos, calculo que sería en torno a 1932.

¿Cómo se conocieron? Mi abuelo era abogado y periodista ocasional y miraba la lista de pasajeros del autobús para entrevistarles.

Un ejemplo del trabajo de periodista de mi abuelo es esta: nota de reconocimiento por la cobertura de una reunión del Consejo de Ministros de la República, en el Palacio de la Granja de San Ildefonso.

Y aquí está el menú del «lunch» (snobs ha habido siempre) del Consejo de Ministros, con el escudo de la Segunda República. Con el gobierno conservador del partido Radical y la CEDA.

Prensa Española en aquel momento era un periódico republicano conservador. La nota está firmada por Enrique Mariné, secretario general de Prensa Española. Podéis observar el cambio de estilo en esta carta de cinco años después, dirigida a Melchor Fernández Almagro, entonces propagandista del nuevo régimen.

Aprovecho para señalar un par de curiosidades de esta nota: la abreviatura de q.l.e.m. quiere decir «que la emplee muchos años».  Se refiere a que la salud, no a otra cosa. Y la corrección a mano de «lamenta» a «lamentamos«. En esos momentos no podías cometer errores…

Pero volvamos a la foto con mi abuelo…

¿Y que hacía Buñuel en La Granja? Podría haber ido simplemente a visitar el Palacio y los Jardines, pero también podría estar de visita a su amigo Edgar Neville , que vivió un tiempo en La Granja. Merece la pena echar un vistazo a su biografía.

¿Dónde está hecha la foto? esta es fácil para mí, es un lugar por el que he pasado decenas de veces. Es un banco en el «Medio Punto», frente a la Colegiata.

Mi abuelo luego trabajó en Correos, esta era la primera oficina, actualmente es el Parador. Fijaros los desconchones de las paredes, así era toda la Granja hasta hace muy poco.

Foto tomada de esta extraordinaria página: https://www.facebook.com/ArqueologiadeImagenes

Durante la República ofrecieron a mi abuelo un puesto de responsabilidad en Madrid, pero a mi abuela le dió miedo y no quiso irse, ya vería que las cosas estaban tensas. Posiblemente eso le salvó la vida.

Buñuel siguió con su apasionante trayectoria artística y mi abuelo de modesto funcionario. Le pasó como a mí, todos prosperan menos nosotros.

Bueno, no sé si te he convencido de la identidad del personaje misterioso, pero bien podría haber sido. En todo caso, una buena excusa para acercarse a mi abuelo.

EPÍLOGO: NUEVA HIPÓTESIS

Un amigo de mi hermano Juan descarta a Buñuel (no sé por qué) y propone a este señor:

Esta es la imagen que yo tenía de esta nueva propuesta de personaje (luego os digo el nombre) y por eso ni lo pensé. Pero el aspecto es el resultado de un problema de tiroides y de excesos con la comida y bebida. Pero en la época de la foto era así. Me refiero al de la derecha…

Si ponemos juntos esta imagen y la del banco, el parecido es muy grande. En la imagen derecha está un poco mayor, pero la forma del pelo, la mirada, un ligero estrabismo también, la postura… es muy muy parecido.

Además, leo en su biografía que Neville trabajó para el ABC, y eso aclara muy bien la relación con mi abuelo, pues eran colegas colaboradores del mismo periódico. Si a eso sumamos que vivió en La Granja un tiempo… parece que ahora sí que está más claro.

La foto no pudo ser antes de 1930, que es cuando volvió de Hollywood, ni después del 36, que no estaban para fotos.

No es Buñuel, vale, pero no deja de ser un personajazo, de esos que crean los periodos de guerra y los hijos de la aristocracia.

Si aplicamos la propiedad transitiva (esa del cole): Chaplin-Neville-Buñuel-mi abuelo-yo. Eso quiere quiere decir que me relaciono con Chaplin… ¿o no?

Resuelto el misterio de los cuadros del Palacio

Historia de unos cuadros del palacio de La Granja

Aquí traigo dos misterios en uno:

¿Cómo llegó este cuadro del Palacio Real de La Granja a mi casa?

¿Cómo está pintado, siendo una superficie convexa?

PRIMERA PARTE: LA RELACIÓN DE MI FAMILIA CON LA CORONA ESPAÑOLA

(Dicho así parece algo)

La historia comienza en Asturias en 1875, aproximadamente. Mi bisabuelo Ramón Menéndez Rodríguez, nace en Asturias en una familia de campesinos pobres. Sin dinero, ni estudios, ni profesión y -encima- con enorme timidez, decide irse con su hermano a buscarse la vida a «la Corte».

Los primeros tiempos en Madrid fueron durísimos, durmiendo en la calle y pasando hambre. Su única salida fue ir al ejército, donde debido a su altura, pudo ingresar en el cuerpo de alabarderos, que exigía 1,69 mínimo. Mucho para la época, aquí está el reglamento que lo exigía:

El cuerpo militar de Alabarderos, tiene más de 500 años y estaban dedicados a protección de los monarcas. Quien reinaba en esa época era Alfonso XII y su hermana era la Infanta Isabel de Borbón. A quien le interese la historia de este pueblo, le cuento que el restaurador de la monarquía fue el general golpista Martínez Campos, quien recibió como premio el bosque de «La Mata de la Sauca», que entonces era parte del Real Sitio.

A esta infanta -como a mí- le encantaba La Granja de San Ildefonso y pasaba muchos meses en el palacio (eso tampoco me importaría a mí). Mi bisabuelo Ramón trabajó a las órdenes de la Infanta y vivió en las casas junto al palacio (otra cosa que molaría). Allí conoció a la que sería mi bisabuela y gracias a eso estás leyendo esta historia.

Además de alabardero, mi bisabuelo tenía ratos para ser novillero. Curiosamente, el otro bisabuelo -Severiano- también, como se muestra en este cartel en serigrafía de una becerrada, presidida por la jefa de mi bisabuelo, Doña Isabel.

La infanta debió apreciar a su alabardero Menéndez, como muestra la siguiente foto, dedicada a Ramón en 1919. Otra forma de manifestar su aprecio fue regalarle cuatro cuadros, de tantos que había en manos de la corona. Ya sabes entonces cómo llegaron hasta mi casa. Por cierto, en la foto se entiende por qué le llamaban «la Chata».

Esta foto está hecha con trampantojo, el fondo es falso. Los borbones tienen fondos de sobra (en todos los sentidos), supongo que fue a un estudio de fotografía porque las cámaras de entonces eran poco móviles.

Este es el uniforme de alabarderos, frente al palacio de Oriente en Madrid.

Aquí los puedes ver desfilando en La Granja.

Se puede apreciar la alabarda, una pica temible, con hacha y gancho.

En 1931 la Segunda República abolió la monarquía y el cuerpo de alabarderos. Luego, ambos volvieron.

Cafetera de mi bisabuelo, imprescindible para las noches de guardia.

Es muy curiosa, se pone al fuego, el agua sube al depósito superior y entonces se invierte para servirlo.

SEGUNDA PARTE: ANÁLISIS DEL CUADRO

El cuadro es convexo y tiene un cristal totalmente pegado. ¿Cómo puede ser?

Está pintado con la técnica de «vidrio invertido» . Se pinta directamente sobre el vidrio y al revés que un óleo normal, es decir, se hacen primero los detalles y reflejos y al final de todo, el fondo. No puedes hacer correcciones y se pinta delante de un espejo. Exige mucha precisión y planificación de la obra, un cuadro así puede requerir cientos de horas de trabajo. Tiene la ventaja de conseguir más brillantez de los colores y mejor duración que sobre un lienzo de tela. Lamentablemente no está firmado, si no, valdría una pasta.

El estilo es flamenco, con un paisaje romántico inventado, pues esa ermita se inundaría en ese lugar y ese puente se caería con un arco tan abierto. La perspectiva está bastante bien, aunque el tamaño de la ermita me parece grande en comparación a los personajes del primer plano, según este esquemita:

¡Hasta el próximo misterio!

Resuelto el misterio del plato de cerámica

¿Cómo llegó un diseño de cerámica armenia a la casa de mis suegros en Madrid? Otro curioso misterio de «arqueología casera» resuelto.

Nunca me había fijado en ese plato, después de más de cuarenta y cinco años pasando por esa casa… pero algo me recordó a un baldosín que yo mismo pinté en un taller en la tienda museo de la familia Balian en Jerusalén

El de la derecha es el mío, claro… pero la forma de las flores, los colores, las hojas, el motivo de pájaros fantásticos… se parecía al profesional. ¿Una casualidad? Pues sí,…

El plato fue comprado mis suegros, en los años 70. Por detrás está la marca de un taller de Toledo: «Cerámica Aguado».

¿Cómo llegó ese diseño Armenio a un taller de Toledo?. Pues ese taller es de un ceramista muy famoso, José Aguado (si yo no le conocía es que era bueno). Las cerámicas de ese taller no son las «típicas de Toledo»: Las cerámicas de José Aguado se inspiran en motivos persas Sasánidas, islámicos, mudéjares o bien en las delicadas creaciones del mundo oriental.

Vale, entonces las cerámicas se parecen porque efectivamente tienen el mismo orígen: Armenia. ¿Pero cómo llegaron los Armenios a Jerusalén?. En 1919, El Imperio Británico había reemplazado al Imperio Turco como potencia colonial en Palestina y se propuso renovar los azulejos vidriados de la Mezquita de Al Aqsa, que eran de origen turco. Para ello, tres familias ceramistas fueron contratadas por su gran experiencia de su taller de Kutahya (Turquía). Esos ceramistas eran Armenios que habían huido del genocidio armenio en 1915.

Bandera armenia y cartel recordatorio del genocidio en la ciudad vieja de Jerusalén.

Al final, a los musulmanes no les gustó la idea de que unos cristianos trabajaran en uno de sus lugares más sagrados, pero encontraron trabajo en muchas iglesias y edificios civiles. Como tampoco podían volver a Turquía, ni siquiera a una Armenia en guerra en ese momento, se quedaron en Palestina. Después del 48 y la creación del Estado de Israel, alguno de esos ceramistas tuvo que marcharse.

El estilo del plato nos recuerda a un arte más oriental (Armenia es parte del llamado «Oriente Próximo»). Esto es porque los armenios aprendieron la cerámica vidriada de los persas, de cuyo imperio formaron parte durante un tiempo de su tremenda historia. El significado de las aves se relaciona con la inmortalidad, parece que ha funcionado con un pueblo que tiene más de 3.000 años de historia.

Para rematar esta historia tan curiosa, traigo aquí otras dos piezas: la de la derecha (ya se nota) también la hice en aquel taller de la familia Balian, precisamente porque me recordaba a la otra, que me regalaron en un viaje a Gaza. Las granadas eran un motivo clásico de la cerámica Armenia, ahora hay otro tipo de granadas en Gaza…

Epílogo: encontré en internet una cerámica igual a esta de mis suegros, fue vendida por 235 € como «cerámica española», ahora sabemos que no era tan española…

Resuelto el misterio de las Galletas «Belgas»

Mi abuela Isabel, de La Granja (Real Sitio de San Ildefonso, ahora), fue quien nos enseñó a hacer estas galletas. Entonces no nos preguntábamos el origen del adjetivo «Belga». Esta es la curiosa historia…

Las galletas se hacían con un molde de hierro en la cocina de carbón, directamente sobre el fuego. Aun recuerdo el olor a vainilla y mantequilla, el calor y las quemaduras, el golpe del molde con la placa de acero, la aventura que era encender el horno y lo que manchaba el carbón.

Este es el aspecto de las galletas, parecidas a un «gofre» (más bien al revés).

La foto es del blog de mi prima Marta, que luego menciono.

Ese molde fue robado en casa de mi abuela en unas obras de reforma. Y, al perder el molde, se dejaron de hacer galletas.

Mi abuela falleció, pasaron muchos años y las galletas se olvidaron en mi familia. Hasta un viaje al Norte de Europa… Beatriz (mi mujer) entró en una tienda de antigüedades y me dijo: «tienes que ver esto». Allí me encontré colgada del techo ¡un molde igual al que usaba mi abuela!. Evidentemente lo compré y es el que actualmente cuelga de nuestra cocina:

Vale, teníamos el molde, pero había que recuperar la receta. Mi madre aún se acordaba y la escribió en un recetario que ella misma encuadernó:

Recuperar esas sensaciones fue una fiesta para la familia, en especial para mi padre…

Otra carambola curiosa es que una mis socias de entonces, Sophie, que es belga, me copió un libro de recetas antiguas de su familia cuando le conté esta historia. Allí estaba una receta muy parecida, observad el molde que dibujan al final:

Pero aun no he aclarado lo de «belgas». Sigamos.

«En los años 30 del siglo pasado, llegaron a la fábrica del Real Sitio unos artesanos manchoneros procedentes de Bélgica.  Eran unos trabajadores del vidrio que hacían los manchones o formas de vidrio cilíndricas que luego se recortaban para producir vidrio plano. Los moldes se fabricaron en la fundición de la fábrica, pues también realizaban los moldes para los recipientes de cristal que luego se llenaban del  vidrio fundido.»

Esto lo he sacado del excelente blog de cocina de mi prima Marta, que también cuenta parte de su origen y aporta su receta:

https://www.lasrecetasdemartuka.com/2012/05/galletas-belgas.html

Entonces, la explicación es que las mujeres de esos trabajadores belgas, hacían sus galletas tradicionales y enseñaron a las mujeres del pueblo. De ahí el nombre, claro.

Por cierto, la presencia de estos trabajadores europeos, con ideas más avanzadas en cuanto a derechos laborales y en un ambiente de luchas revolucionarias, impulsó el movimiento sindical en La Granja mucho antes que en otras zonas de España.

Por cierto que esos trabajadores tenían buenas razones para defender sus derechos, trabajar en el vidrio era una profesión de riesgo. Aquí he encontrado un estudio de ello : «Evolución de las relaciones laborales en la fábrica de cristales del Real Sitio» https://uvadoc.uva.es/bitstream/handle/10324/63780/TFG-N.%202276.pdf?sequence=1

Y si os gustan las historias y fotos antiguas de La Granja y su fábrica, palacio e historia, aquí un extraordinario blog: https://arqueologiadeimagenes.blogspot.com/search?q=f%C3%A1brica

Presentación comercial de otras galletas belgas. La receta tradicional es sin chocolate, imaginad el molde…

Si alguien quiere probar a hacer galletas le dejo el molde, vale con las cocinas de inducción. Pero debes tener mucho cuidado al darle la vuelta…

Resuelto el misterio del objeto de la pared de la iglesia

Tercera publicación de la serie «Misterios resueltos».

Estábamos pasando unos días en casa* de unos amigos en Mesones (Guadalajara) y fuimos a dar un vistazo a la iglesia del Pueblo, sin ninguna expectativa ni información previa. El edificio merece una visita y tiene una historia relevante para un pueblo tan pequeño.

Rodeamos el templo por si hubiera algo interesante y mi amigo Juanja encontró este objeto en un agujero de la pared posterior:

No teníamos ni idea qué podría ser. Era de color piedra caliza y pesaba bastante. Las rayitas circulares que indicaban que era alguna cosa fabricada, no una piedra. ¿Qué podría ser? ¿Tal vez un fósil? La iglesia fue construída en el siglo XV, así que podían haber ocurrido muchas cosas ahí.

Volví a casa, la raspé un poco y apareció el color gris del plomo. Esta cosa estaba recubierta de caliza por la disolución de la piedra durante años. Al saber que era de plomo y la forma convexa de la punta ya daba muchas pistas… era una bala, sin duda. Pero una bala rara, antigua, pero no tanto como las redondas de mosquete del S. XVII, ni tampoco una bala moderna, que no tienen esas estrías. Seguí buscando imágenes de balas en internet hasta que dí con ella: es una bala «Minié». No es que sea una «e» pequeña, sino el apellido del tipo que la inventó en 1849.

Estas balas se cargaban por el cañón (avancarga) de fusiles o mosquetes. Este proyectil mejorado supuso un ahorro enorme de plomo y pólvora, pues los viejos fusiles de ánima lisa y bala redonda necesitaban unas ¡3.000! balas (no perdigones) para matar a un enemigo. Para compensar esta ineficiencia, se empleaba la bayoneta, que raramente fallaba. Con las nuevas balas, se conseguía mucha mayor precisión y alcance, además de un efecto más devastador en el cuerpo. Todo esto lo he leído en este artículo, que hay frikis para todo. Vamos, que el señor Minié debería estar en la lista de malvados de la humanidad.

Bien, ya estaba claro entonces que era una bala de finales de siglo XIX, ¿pero cómo llegó hasta allí, la pared de la iglesia de un pequeño pueblo de Guadalajara?. Sigamos con la investigación…

Según el artículo citado, esta bala era la usada por el ejército español, pues tiene 14,1 mm de diámetro. Por otro lado, estas balas sólo se usaron entre 1849 y 1880, más o menos. Por tanto, no podría haber sido en la guerra de la Independencia, que terminó en 1814. Ni la primera guerra carlista, que terminó en 1849, el año que se inventó esa bala. Ni menos aún en la Guerra Civil de 1936-39, salvo que alguien hubiera sacado el fusil del tatarabuelo.

Entonces, ¿qué guerras hubo en esa época y lugar?. Pues creo que sólo queda la tercera guerra carlista, que llegó hasta Cuenca y podría haber pasado por esa zona de Guadalajara en su camino de llegada o regreso desde el Norte. Parece que el ejército «Isabelino» comenzó a usar estas balas y eso le dió una gran ventaja, como he explicado antes.

Impactos en la pared de la iglesia

Recomiendo el ejercicio interesante, aunque un poco morboso, de dedicarse a buscar balazos en las paredes de las iglesias.

Fachada trasera de la iglesia de Mesones.

Pues esto es todo, aunque hay mucho más que se podría contar sobre armas y guerras en esta época tremenda y demasiado olvidada. Si alguien conoce algo más que pueda ayudar a complementar este pequeño estudio, se agradecería la contribución.

* Y con permiso, un poco de spam: os recomendamos el excelente casoplón rural de mis amigos:Los Cipreses de Mesones

Para saber más sobre el pueblo de Mesones: ¡tiene un libro y todo!

Y eso no es todo: Turismo de Batallas en Guadalajara, que parece gente muy pacífica, pero han estado 300 años de batallas.

REGRESO A EL CAIRO, 40 AÑOS DESPUÉS

Viaje a EL Cairo 40 años después

Cuarenta años no es nada para una civilización de cinco mil. Pero para mí sí se notan. El primer viaje a Egipto lo hice con 21 años, en 1985, por ganar un sorteo de la Comunidad de Madrid, ya ves. Un viajazo inolvidable por todo el país. Ahora, 2025, he vuelto allá por trabajo y me sorprendió lo que había cambiado y lo que no, en ese país tan espectacular. Rebusqué mis viejas fotos en papel del primer viaje para comparar y esto es lo que encontré…

El antiguo Egipto

La estatua de Ramsés II se vuelve a levantar. Así de espectacular está en el nuevo museo. Cuando yo la vi, estaba tumbada en el viejo museo.

En las pirámides de Giza cuarenta años no se notan mucho. Pero la cantidad de visitantes se nota bastante. En su momento, sólo los ricos (o los afortunados) viajaban.

Guerra

En 2025 la guerra-genocidio entre Israel y Hamás está aun sin terminar. En 1985 estaban recientes los acuerdos de Camp David con Israel (1978). Estos acuerdos de paz fueron la consecuencia de la victoria inicial en la guerra de «Octubre» o del «Yom Kipur». Para celebrar esta batalla, hay un un memorial patriótico con museo de armamento, tres salas de cine y un diorama gigante. Un lugar interesante de propaganda y orgullo patrio que «descubrí» por casualidad en este viaje.

Falta de democracia y yihadismo

Otra cosa que no ha cambiado: la falta de democracia. Entonces estaba Mubarak, que reemplazó a Sadat. Sadat fue un hábil manipulador y un gran general, que intentó modernizar económicamente a Egipto, llegó a la paz con Israel, sacó al pais de la influencia soviética y jugó a dos bandas con el islamismo radical. Eso le costó muy caro, a él y a toda la región, que se llenó de yihadistas. Esta es la tribuna donde Sadat fue asesinado durante el desfile de celebración del «paso» en la guerra de Octubre del 73.

Megalópolis

El Cairo es la tercera ciudad más grande de África y la capital del mundo árabe. Un monstruo de unos 22 millones de habitantes, en el que residen millones de refugiados en situación irregular. Cuando yo fui, tenía sólo unos 2 millones.

Pese a tanta gente, ¡me encontré de casualidad con mi sobrino!.

Algo que no cambia: la famosa y espectacular calle Al Muizz, de los monumentos fatimíes y los atascos bíblicos:

En la época greco-romana ya había rascacielos en El Cairo… y ahí siguen.

Las autopistas urbanas

Las nuevas autopistas arrasan los viejos barrios y conectan sin semáforos todas las ciudades de la megalópolis. Un eficaz sistema de transporte y también una pesadilla para los pobres ancianos que tienen que cruzar sin pasos de peatones.

Las autopistas de dos carriles ahora son de ocho por sentido. Pero bastantes coches siguen siendo de los ochenta y aun se ven carros con caballos.

La occidentalización del comercio

Los enormes Centros Comerciales, los polígonos industriales y los «lounge» están sustituyendo a los viejos bazares, a las calles de artesanos y a las encantadoras cafeterías tradicionales.

Viejas profesiones que han cambiado poco, de momento: el señor Omran, perfumista en Khan el Khalili. Y un planchador digital de aquella época.

Más cambios

Otro cambio muy significativo se aprecia en esta foto (además de mis arruguillas). ¿Qué es?

Finalmente, otras dos cosas que han cambiado. Ahora me ha parecido muy de guiri montar en camello y la que está detrás es otra…

RESUELTO EL MISTERIO DE LA PIEDRA ESCRITA

Esta piedra está en mi pueblo, San Ildefonso (La Granja, vamos). Sin duda es muy antigua y tiene una inscripción apenas visible.

Desde hace años, intenté descifrar lo que ponía, pero parecía muy borrado y me olvidé. Estando en una Cañada de Merinas, pensé que tendría algo que ver con distancias o rutas.

La semana pasada estábamos comiendo allí, miré la piedra un poco distraído y de repente, me di cuenta que las letras estaban muy claras. Debido a la inclinación del sol, las sombras resaltaban las letras. Fue una visión de esas tipo «Indiana Jones», donde justo la luz está en el momento adecuado.

Este es el texto:

ACOTADO SE PROIBE EL PASO Y GABAR

Vamos a analizar un poco la inscripción

ACOTADO: Esta piedra marca la entrada a la Mata de la Sauca. Mata es bosque, en castellano antiguo (y en portugués actual). Este enorme bosque era parte del Patrimonio del Real Sitio, pero Alfonso XII se lo regaló al general golpista Martínez Campos, como premio por devolverle el reino tras acabar con la Primera República en 1874. Supongo que esa piedra se puso en ese momento, pues esa chapucilla no sería digna de una señal real.

PROIBE: Me dice mi cuñada Raquel, que es filóloga y muy lista, que es un error porque Prohibir viene del Latín «prohibere». Si te dedicas a grabar en piedra, mejor consulta con tu cuñada antes.

EL PASO: esta prohibición ha provocado años de litigios, porque tradicionalmente este bosque estaba atravesado por caminos para acceder a la sierra. Todavía no está resuelto, creo

GABAR: Casi de inmediato lo pillé, pero hay que ser de por allí para entenderlo. Si miras en un diccionario o en Google, te encontrarás con cosas como prostitutirse o alardear, nada coherente con una piedra en mitad del campo.

Gabar no puede ser otra cosa que lo que hacían los GABARREROS, que es recoger leña seca del monte. Es algo que estaba permitido en los bosques reales, por eso, esta piedra necesitaba poner claro que el nuevo propietario no lo permitía. En este sentido, puede proceder de Gabarro, cosa pesada, según la RAE. Y, de ahí, debieron inventarse el verbo «gabar» que, por lo visto, solo existe en mi pueblo.

Más información sobre los gabarreros en un excelente Blog sobre La Ganja:

https://arqueologiadeimagenes.blogspot.com/search/label/gabarreros

Y esto no termina aquí, mi amigo Álvaro me cuenta que palabras gabar y gabarrero, puede que tengan un origen navarro, de Gabarra, embarcación para trasladar madera, que proviene del Euskera Kabarra, ya que San Ildefonso fue colonizado por madereros, procedentes de Navarra. No es coincidencia, entonces, la tradición de concurso de corte de troncos con hachas de Valsaín.

Si queréis visitar la Piedra: aquí está, detrás de la Casa de las Flores, el antiguo invernadero de los Jardines de Palacio.

UN NAUFRAGIO, CUATRO ÓLEOS, UNA VIDA.

UN NAUFRAGIO, CUATRO ÓLEOS, UNA VIDA.

El barco se hunde por la proa en el horizonte, su obra viva asoma en rojo de garanza oscuro. La chimenea muestra aun el estandarte de la compañía naviera Sáinz de Incháustegui. Las banderas de socorro avisan de vía de agua: azul con banda blanca y gallardete de franjas, blanca y bermellón. Pinceladas largas baten la cubierta y amenazan un grupo de personas en el inclinado puente de popa. El cielo gris marfil, blanco de plata y azul manganeso, difuminado con trementina,  tiñe la espantosa galerna.

Un bosque de olas gruesas, desordenadas,  de crestas peinadas y estiradas por ráfagas, agita la superficie con fuerza diez en la escala de Beaufort. Capas densas con blanco de titanio y grises azulados cubren la mar y apenas descubren notas de verde ultramar y azul de Prusia. El temporal es duro, invernal, con vientos de más de cien kilómetros por hora.

En primer plano, una lancha salvavidas de casco negro de Marte, resalta sobre el mar batido y se escora a babor por una ola tremenda. Navega en ceñida, con el foque limado por el viento. El agua espumada inunda su bañera y el blanco amarillento de la quilla sobresale, escapando  del marco. Al timón, el primer oficial destaca con impermeable y gorro Remitger en amarillo de cromo. Detrás se apiñan unas siluetas, sólo esbozadas de negro transparente….

Los cuadros del naufragio siempre han estado en el paisaje familiar: en casa de mis abuelos, de mis padres y ahora en la mía. Nunca me había parado a observarlos detenidamente, tampoco sabía su historia: ¿dónde ocurrió?, ¿y el papel de mi abuelo?, ¿por qué se hundió?, ¿cuál era el nombre del barco?, ¿falleció alguien?…

Durante más de ochenta años no ha emergido esta historia. La nostalgia y el milagro de Internet han podido reconstruir esos momentos terribles.

El Delfina, un vapor carguero de tres mil  toneladas de registro bruto construido en 1921, se dirigía en lastre al canal de Brístol para cargar carbón con destino a Italia. La tragedia sucedió en la madrugada del dieciséis de diciembre de 1928, en los arrecifes Skerries de la isla de Man, Inglaterra. Horacio Menchaca, mi abuelo, era el primer oficial y fue quien realizó la evacuación.

En el bote de salvamento sólo cabían diecisiete personas, el resto de la tripulación quedó a la espera del segundo viaje, mientras su nave se hundía por momentos. Los primeros tripulantes rescatados del Delfina arribaron al barco de auxilio, el vapor británico Huntsman. Para recoger al resto de compañeros, mi abuelo reclamó voluntarios, pero nadie se atrevió a volver, pues temían el hundimiento que atraparía con la succión a cualquier barco cercano.

En un impulso heroico y generoso, marineros ingleses le acompañaron en la arriesgada maniobra. La aproximación se realizó a sotavento por la aleta de estribor, a  riesgo de astillarse  contra el acero en cada ola. La lluvia racheada cegaba  la vista. Frío, pánico, gritos de mando entre el rugir del oleaje. Uno a uno abandonan el buque agonizante, hasta que finalmente nadie queda a bordo. Regreso con velas a un largo y timón firme. La tensión descargó en abrazos, lloros, agradecimientos en inglés y risas aliviadas. Una última mirada desolada al Delfina, su lugar de alojamiento y trabajo. Días después llegaron a Bilbao y en unos meses mi abuelo fue ascendido a capitán, con sólo veinticinco años.

Pocas veces hablo de esto con mi madre, pues no puede evitar llorar de cariño y admiración.  También recuerda la soledad de mi abuela, Felisa Garaizar, ante esa profesión maldita de su marido: « antes fregar suelos que marino», decía.

Mi abuelo, pintó cuatro versiones: la primera está firmada en 1928, el mismo año del hundimiento; la cuarta en 1980, siendo el último cuadro que pintó en su vida. Todos son similares en composición, aunque el estilo se va depurando en precisión de las pinceladas y profundidad del color. También aprovecha para corregir algunas erratas en las señales y perfilar  mástiles y aparejos.  Un detalle curioso, el pabellón marítimo rojo y gualda de popa desaparece en la última versión. No sé la razón, pues mi abuelo no fue nacionalista vasco, aunque mi abuela sí. Tampoco los ochenta en Bilbao, eran el mejor momento de pintar banderas españolas… Su figura autorretratada al timón del velero de salvamento, cada vez aparece más nítida a medida que la edad avanza. Puede que buscase reconocimiento y memoria ante las nuevas generaciones.

Los lienzos aumentan de tamaño con el tiempo, tal vez para compensar su pérdida de visión, facilitar la inmersión del espectador o, como él mismo decía socarrón: « porque me da la gana ».  Además de estas marinas, compuso otras muchas de los grandes veleros que empezaban a desaparecer de los océanos, arrinconados por la máquina de vapor. Pero la única que repitió fue esta del naufragio, obsesionado por la terrible experiencia.

Las pinturas acompasaron una  vida apasionante y dura, como sólo las generaciones anteriores pueden escribir: rico, pobre, grumete, capitán, empresario, vendedor ambulante, encarcelado, soltero, casado, padre, abuelo, vasco, madrileño. Al final, encontró descanso y recompensa de vuelta a su tierra en Mentxakena, donde construyó una casa frente al mar. Mi infancia le recuerda aún pintando, sin entender esa mirada de melancolía ante el ventanal.

Ahora, al descubrir que fue un héroe, siento más orgullo y curiosidad por mi abuelo Horacio. Desearía tener delante de nuevo esas arrugas talladas por la brisa salada desde joven y el ancla tatuada en el Cabo de Hornos. Escuchar sus singladuras por los siete mares, oler su copa de ron, consuelo de taberna triste de los puertos. Birmania, Bombay, Río de la Plata… Tantas historias exageradas y divertidas, en idiomas incomprensibles que nos dejaban con la boca abierta. De él recibí mi afición a la pintura, los viajes, las tabernas, los veleros y el punto de irresponsabilidad por el futuro que también desespera a mi mujer.

imagenes cuadro de mamá (2)
Firma del primer cuadro del naufragio

Horacio en el periódico

Foto de la prensa inglesa con la noticia del rescate. MI abuelo es el de la txapela

cuadro comprimido
El último cuadro que pintó mi abuelo de su naufragio

El barco, atrapado por el hielo en Rusia. En ese momento habían cambiado el nombre a Itxas-Gane porque el Gobierno vasco lo había incautado durante la Guerra Civil del 36-39. Después de la guerra, volvió a su propietario inicial y a su nombre.
El DELFINA pertenecía a un tipo de barcos de transporte fabricados masivamente por EEUU durante la Primera Guerra mundial y luego vendidos al finalizar la guerra. Se llamaban barcos «Tramp» que iban haciendo cargas y descargas por el mundo.

Resuelto el misterio del hierro de la India

¿Sabes qué es esto?

Si no lo sabes, no te preocupes, yo estuve diecisite años sin saberlo. Si te interesa, te invito a conocer su curiosa historia ….

Mumbai, India, 2004

Un vendedor de chatarra expone en el suelo su mercancía: planchas de aluminio, tornillos, perfiles, trozos de bronce… algo del montón me llama la atención por su tono más oscuro anaranjado, parece antiguo por lo tosco e irregular. Sin duda es hierro forjado, muy pesado, con varias piezas encajadas y de una forma que no reconozco para nada. Intento preguntar al vendedor el uso de ese objeto extraño y sucio, pero es imposible entendernos. Decido comprarlo, pagando muchísimo más de lo que me pedía, para desconcierto total del chatarrero. Años después confirmaré que hice una buena compra.

Limpia y aceitada, la pieza se integró en un lugar destacado de mi pequeña colección de objetos de hierro antiguo.

Jerusalén 2019

La iglesia del Santo Sepulcro está a punto de cerrar. El portero árabe designado para evitar conflicto entre las ramas cristianas, viene con una extraña llave. De pronto observo los candados, ¡son como el objeto que compré en India!. Incluso parecen más modernos.

Puerta del Santo Sepulcro de Jerusalén
Candados en la puerta de la iglesia del Santo Sepulcro. Al lado, los porteros árabes.

Entendí cómo se colocaban, uniendo argollas de diferentes puertas. Al menos ya sabía que era un candado, pero ni sabía abrirlo ni tenía ni idea de su antiguedad. Aún deberían pasar más años…

Madrid 2020

Comido por la curiosidad, urgaba a menudo en la piezas del candado, que oscilaban algo, pero estaban agarrotadas y temía romperlas. Tras varios meses de intentos, un poco de aceite, paciencia y maña y ¡consigo quitar la primera tapa!:

La tapa de la cerradura tiene un cuadradillo, posiblemente la primera medida de seguridad pues necesitarían una dimensión bastante ajustada para girarlo. Hoy en día con una llaves inglesa sería inmediato.

La tapa se ajusta por un tornillo a la pieza principal. Al retirarse, deja al descubierto un agujero estrecho por el que era imposible ver nada. No tenía ni idea de cómo seguir y lo dejé. Aún necesité varios meses de darle a la cabeza…

Madrid, 2021

Nuevo intento de abrir el candado.

Observo el extremo contrario a la tapa del cuadradillo que había conseguido quitar. Es otra tapa, unida a una pieza, que desliza sobre el gancho que se pone entre las argollas. Realmente es la parte que completa el candado. Parece que tiene una muesca en diagonal, ¿será un tornillo? ¿cómo hacer que gire si está metido en el gancho?. Recordando mis chapucillas de mecánico malo de moto, meto un destornillador por el otro extremo y noto una pieza que oscila. Pruebo a girarla contra la pared interior y observo un leve movimento en el extremo contrario, ¡lo tengo! dentro del candado hay una tuerca «loca» que va liberando el tornillo. Poco a poco, rozando con las paredes interiores voy abriendo el tornillo hasta que sale del todo. ¡lo conseguí!

Hoy puede parecer muy burdo, pero en aquella época y hasta el siglo XIX, tornillo y tuerca se fabricaban por separado y de forma artesanal. No había medidas normalizadas ni tornos de precisión. Por tanto, ajustar un tornillo en una tuerca era todo un arte.

Todas las piezas desarmadas
Así es como funciona. Luego habría que meter la llave por la derecha y girar para que entrase el tornillo hasta dentro.

¿Cuánto es de antiguo y por qué un diseño de India llegó hasta Jerusalen?

Aquí ya empiezo a perderme, encuento en la Red algunos diseños y venta de antigüedades similares del siglo XVII. No está mal, pero esperaba algo más antiguo tratándose de Jerusalén. De todos modos, esta iglesia tuvo muchas reformas desde su oríginal del siglo IV. Es fácil encontrar referencias, pero recomiendo esta que menciona a los porteros árabes encargados de la custodia desde ¡1192 !. ¿Podría entonces ser el candado del siglo XII? Podría ser, en aquellos tiempos la obsolescencia programada aún no se había inventado, los diseños se repetían y las cosas se fabricaban para toda la vida.

Lo más antiguo que encuentro es el diseño romano que incluyo más abajo. Como ambos imperios tuvieron intercambio, no sé quién lo inventó primero. O si fue una tercera cultura pues los cierres debieron inventarse al mismo tiempo que la propiedad privada.

Curiosidades del mundo antiguo: candados romanos
Modelos de candados romanos. Tomado de: http://arcana-mundi.blogspot.com/2012/10/curiosidades-del-mundo-antiguo-candados.html
CANDADO DE HORQUILLA CON LLAVE. SIGLO XVI-XVIII (Antigüedades - Técnicas - Cerrajería y Forja - Candados Antiguos)
Candado siglo XVI, modelo evolucionado, pero concepto similar.

No puedo resistir consultar en Internet cuánto podría valer mi candado, no para venderlo, sino por la cultura inculcada de valorar -en parte- las cosas por su precio. Total, podría costar unos 200 €, pobre chatarrero indio, no sabía lo que vendía… ni yo lo que compraba.

Llave del candado de la puerta de la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén.

2024

Me encuentro en linkedin un reportaje sobre custodia de la llave de la cerradura de la Iglesia del Santo Sepulcro. Aparte de la sorprendente historia, se ve cómo se abre y cierra la cerrradura : https://www.youtube.com/watch?v=PrsqNJIRGPU

2025

Me vuelvo a topar con este asunto en Linkedin:

«Adeeb Joudeh, whose ancestors were entrusted with the iron key by Saladin in 1187, arrives at the church. He places the ancient key into the palms of Wajeeh Nusseibeh, whose family has performed this ritual since 637 CE—when Islam’s Caliph Umar first vowed to protect Jerusalem’s Christians.»

This ritual began when Caliph Umar, conqueror of Jerusalem, refused to pray inside the Holy Sepulchre in 637 CE, fearing Muslims would claim it as their own. Instead, he appointed the Nusseibehs as eternal guardians. Centuries later, Saladin added the Joudehs, to end the rivalries among Christian denominations vying for control of the church

https://www.linkedin.com/posts/miral-askar_in-jerusalems-old-city-where-the-divine-activity-7319747611949694976-Y9fd/?utm_source=share&utm_medium=member_android&rcm=ACoAAAOLz6ABIJrWoIdbHZon5-GPemlw5r0S6uQ

EL MUNDO ES MI ESCUELA

 

EL MUNDO ES MI ESCUELA

El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.  Atribuido a Miguel de Cervantes.

 

Ponsetias blancas al anochecer en Luang Prabang,  sudores espesos  en los trenes repletos en Mumbai,  confusión de sabores en los mercados de Amazonas, viento áspero de Ouarzazate, aroma del café tostado en el comal del ranchito de Don José…

Viajar a lugares donde parece que todo falta, invita a ser feliz con lo pequeño. Comer pescado con los dedos en el techo de la panga a las islas Mancarrón, refrescarse con un vaso de jugo de caña regalado en la selva asfixiante, acariciarse con las ramas en el techo de un viejo “IFA”, camino de Bosawás.

He sufrido por tantas cosas que no hubiera querido ver, pero que ahora no debo olvidar: los niños con trabajo y sin colegio, como Eduardo, condenado a una vida de miseria y como Fausto, el pequeño vendedor analfabeto de Bocay. Por los chigüines de Marabamba Alto, a tres horas a pié de su escuelita y por Yakson,  peón de finca de Yalí abandonado por sus padres.

Costaría no aprender en este mundo del interminable dolor de la guerra, en los relatos pausados, crudos,  del guerrillero de Somoto, en las fechas iguales en los cementerios urbanos de Mostar y en las piernas infantiles amputadas por minas en Ankhor. ¿Quién podría no emocionarse ante los mares de tumbas blancas de Normandía, ni llorar en el campo de exterminio de Bergen Belsen?.

Las chicas fresa de las orillas del Coco me llenaron de tristeza en su escuela inconsciente de prostitución. Ancianas encorvadas de cargas de leña en El Atlas, plantadoras de arroz con los hijos a cuestas en Muang Khong, niñas lavando en el río contaminados de Pune. Siempre, donde vayas, encuentras mujeres sufriendo de explotación.

Ninguna sociedad es justa, pero es más fácil indignarse en los países del Sur. En la chocita de entramado del campesino de Cayuga, que ni cantar podía por el hambre de sus hijos. Sentí culpa con el campesino quekchí que no podía creer que se coleccionaran objetos. Fuera de mi burbuja, me espanté ante la falta de los derechos más básicos.

Y también encontré esperanza y alegría: en las piernas ortopédicas que rehacen vidas, en el bosque tropical recuperado de San Juan del Sur, en los niños  impecables y sonrientes del primer día de cole en Lagunas, en las viviendas dignas de La Concordia, en los niños que juegan y ríen en las calles.  Con los empobrecidos, aprendí  a celebrar cada breve momento de alegría: felicitaciones con mañanitas, fiestas de cosecha, enfermedades curadas en el nuevo hospital, carta del hijo emigrado, una carretera abierta, la hija egresada de la Universidad.

Me gradué en hospitalidad en la parroquia del Padre Charles, en Bab el Oued y en casa del campesino que nos acogió en aquel pueblito cerca de Orán. En la invitación a dátiles, pan y aceite en el palmeral de Marrakech. En muchos lugares me han hecho sentir como en mi hogar.

Recibí inspiración de la vocación de los maestros rurales en Ayapal, del espíritu de paz en la casa de Gandhi en Mumbai, de la solidaridad de don Beto, picador de la Bananera de Cayuga, donando parte de su mísero salario. El compromiso y la entrega me lo enseñaron tanto las monjas de Entrerríos, como los viejos militantes del museo anti guerra de Berlín.  De los cooperantes que hipotecan carrera,  salud y familia, se aprende del deseo de cambiar el  mundo.  Las mujeres dalit de Mumbai, enseñan con sus marchas la lucha por la dignidad. Y la tenacidad, de Korak, el ingeniero que aprendió a leer – a falta de escuela-,  en las botellas de ron de su abuelo.

Fuera de nuestra historia, aprendemos a escuchar otras voces. El relato crítico sobre Lawrence de Arabia del guía del desierto de Wadi Rum, la opinión sobre los cruzados en un café de Estambul, la visión de los estudiantes mejicanos sobre la Conquista, el menaje fundido por los bombardeos aliados en Dresde o las pintadas contra las trasnacionales en las calles de Lima.

El católico padre Charles, los evangélicos de Bocay, los monjes budistas de Luang Prabang, los fieles hindúes, jainistas y zoroastristas de Mumbai, los musulmanes de Argel, los ateos y agnósticos de cualquier lugar, todos pueden buscar la paz.

Sentir con otras personas lejanas me concedió la ciudanía del mundo.

Por la tristeza incomprensible del asesinato del padre Charles y de los campesinos argelinos masacrados por el GIA, de la bomba en los mismos trenes en los que viajé apretujado en Mumbai y del canal que destrozará el paraíso que conocí en la reserva indo Maíz. Y por lástima de las gentes que vivían orgullosas de los visitantes, en lugares a los que ya no podrán viajar mis hijos. Y por las cosechas  arruinadas por huracanes o plagas en Bocay. Me duelen aún más los atentados de cada ciudad que he visitado. Siento como propias sus tristezas y también sus alegrías, sus lentos avances en derechos y en desarrollo humano.

El mapa de mi país no lo define una bandera, ni una frontera de metal, sino cada lugar que aprecio. Mi cultura es cualquier cosa que me emocione y me ayude a vivir: las montañas esculpidas de Ellora, las colecciones de pintura Europea, los templos inimaginables de Angkor, los colores de los palafitos del barrio de Belén de Iquitos, el artesano con tierra de colores de Amman. La literatura leída en su lugar: Alcarria, Managua o el Mekong, el mensaje de la música en el Usha Usha de Cajamarca, los cantautores de Edimburgo, un concierto de violín en Bolonia…

Viajar, sobre todo, enseña de nosotros mismos, de nuestras necesidades, de los límites en la tolerancia y la resistencia física. Alejarse ayuda a apreciar lo que se tiene y evidencia todo lo que nos queda por aprender, no puedo imaginar mejor escuela.